Tertulias
En una hermosa tarde de invierno,nos sentamos en la mesa de un restaurante a platicar con mi tío y otros amigos que se unieron a la tertulia. Comenzamos valorizando los tiempos pasados versus los actuales,contando que todo va pasando a mayor celeridad y que la mayoría de fabricación de las cosas,las hacen para que se destruyan rápido y la diseñan con características dispares,para crear la necesidad al cliente de buscar nuevos modelos a lo que mi tío contesta,tengo una máquina de procesar alimentos del año 1930 que todavía funciona a la perfección,hecha de hierro fundido sólido pesado pero eficiente.
Estas pláticas que podemos catalogarlas desteñidas,tienen su mensaje que la nueva ascendencia generacional debe captar,porque aparte del periodo de caducidad es cada vez más corta,vienen con abundante publicidad engañosa,con características y lenguaje que confunde a la masa popular, que es persuadida en su fantasía personal.
No atacamos a la sociedad de consumo,pero hay que estar atentos,sobre todo si se trata de productos tecnológicos. Hay mucho fraude e imitaciones en la fabricación de estos productos donde hay fábricas que patentan productos porque han robado información adelantada,creando un caos comercial a los productos genuinos.
Pareciera que el germen sedicioso abarca a toda la clase social,a los de cuello blanco para abajo. Las grandes empresas como las pequeñas están en ese canibalismo comercial,que lo pagamos los consumidores.
Volviendo a la mesa conspiradora,platicaba uno de los presentes,fíjate que hasta los niños los hacen mal,no llegan a la edad escolar y ya están enfermos. Se levanta mi tío de la mesa y a voz de cuello dice,hasta las mujeres reclaman que la juventud no las satisface como un verdadero macho,buscando favores ajenos jajajajaja causando la hilaridad en la mesa. Dice mi amigo,esto parece un cuento chino,ver para creer,porque la necesidad tiene cara de perro,la gente no se exime de las cosas..
Bueno a pláticas cerradas no entran tercios y el jolgorio llega a consumirse en la mesa.
Saludos,
Gabriel Quintero

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